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20 de febrero de 2013

A CIEN AÑOS DE LA DECENA TRÁGICA III--LOS HECHOS


La decena trágica es un acontecimiento que a mi personalmente me ha interesado siempre, en mucho gracias al testimonio de mis abuelos maternos --que en paz descansen-- que siendo niños presenciaron aquel terrible hecho de armas y sufrieron las consecuencias, al vivir con sus familias en la Ciudad de México. Ambos provenían de familias comunes, nada encumbradas: mi bisabuelo, Don Mateo Bravo, eso sí, fue uno de los pioneros del automóvil en México, de oficio carrocero, esto es, fabricante de carretas y carruajes de caballos, evolucionó su negocio e instaló uno de los primeros talleres de mecánica automotriz en la capital, todavía hoy tengo en mi poder un magnífico libro sobre reparación de automóviles, como el Ford modelo T, editado hacia 1919 en España que le perteneció. Su esposa, entre tanto, trabajaba en la tabacalera, en ese entonces, muy famosa, llamada "el Buen Tono" situada en los mismos terrenos donde ahora se alza el Palacio Legislativo federal en el barrio de San Lázaro. Desde ahí contempló en 1911 la entrada victoriosa de Madero a la capital, el mismo día que, como un presagio de las desgracias que se aproximaban, hubo un temblor de Tierra.

Los padres de mi abuela, por su parte, tenían una pequeña carnicería en el otro extremo de la ciudad, lo que sí, ambas familias sufrirían como todos los civiles la ferocidad y el miedo de casi dos semanas espantosas de combates callejeros, cerco a la ciudad, hambre y sobre todo, terror absoluto ejercido tanto por los sublevados como por las fuerzas Maderistas en la ciudad.

Sus relatos mencionaban las balaceras, tener que andar a rastras adentro de las casas ante las balas perdidas que entraban por las ventanas, el intento de leva de uno de los hermanos de mi abuela para unirse a las tropas de uno de los bandos enfrentados, que se evitó tras pagar un buen soborno al oficial reclutador, la escaces de alimento que llevó a mi abuelo a comer las cáscaras de plátano que encontraba tiradas en el suelo por la calle en los altos al fuego y los muertos amontonados en las aceras, ejecutados colgados de los árboles de parques y plazas, en definitiva, la ciudad nunca había sentido la guerra en toda su crudeza como en esa ocasión.

Pero volvamos a nuestro relato.

1.- El "amigo" americano:

La Historia Oficial nos dice que los intereses norteamericanos conspiraron para derrocar a Madero. Nada más falso: la administración de Taft, todavía en el poder, pues Wilson entraría a la Presidencia hasta el 3 de marzo de 1913, (no sería hasta Roosevelt que la fecha de cambio de poderes se establecería al 20 de enero) había impulsado la llegada de Madero al poder y estaba encantado con él, nadie garantizaba como el coahuilense la debilidad de México, cuando EUA, hasta hace poco, lo que buscaba era frenar la aparición de potencias rivales en el continente americano, hoy, por supuesto, Washington no ha podido frenar el ascenso de Brasil, ni impedir la constitución del Eje Bolivariano que implica la intervención de los intereses rusos y persas en el continente, mientras Canadá... Bueno, un país en el que sus autoridades discuten seriamente sobre la posibilidad de una invasión zombi creo que jamás será potencia alguna...

En realidad, Henry Lane Wilson (en la imagen) obró motivado no por instrucciones de su gobierno, si no de acuerdo a su muy particular animadversión en contra de Madero y su hermano Gustavo. Hombre corrupto y ambicioso, había contribuido a animar a Washington a apoyar la rebelión contra Don Porfirio y a colocar a Madero al frente de México a cambio de la promesa de una concesión petrolera que los hermanos nativos de Parras le darían una vez alcanzado el poder. Hecho esto, los Madero fingieron demencia y se olvidaron de Henry, a quien incluso trataron con suma majadería e ingratitud, sobre todo Gustavito, que veía en el país un jugoso botín para engrosar los negocios familiares y que no pensaba compartir con un funcionario gringo que, además estaba próximo a dejar su puesto una vez iniciara la administración de Woodrow Wilson (para nada pariente de H.L.) y por tanto, dejaría de tener una inoportuna presencia en el país. La corrupción ejercida por él y su influencia sobre el hermano mayor fueron fuente de constante críticas contra la administración Maderista, y Don Panchito, días antes, había tomado una decisión drástica: mandar a Gustavo como embajador al punto más alejado del planeta que se le ocurrió: Japón. Así las acusaciones constantes contra las corruptelas de Ojo Parado dejarían de pesar sobre el Presidente.

Así que, viendo tambalearse a Madero tras lo ocurrido el 9 de febrero de 1913, el diplomático empezó a buscar la manera de derrocar al Presidente y vengarse, para lo cual empezó a mandar informes, en parte certeros, en parte exagerados a Taft y urgiendo la intervención de tropas norteamericanas en México ante la situación de "Estado fallido" que vivía el país, sin embargo, el mandataro useño no le hacía caso, finalmente, de eso se trataba y si Madero era un inepto era lo que se había buscado lograr, que México dejara de estar bien dirigido como lo había estado bajo el mandato de Díaz y que el país se derrumbara. Wilson, entonces, empezó a buscar la manera de contactar a los rebeldes y lograr de ellos lo que los Madero le habían negado.

En los días previos al domingo 9 de febrero, Huerta se encontraba impartiendo clases de matemáticas (supongo que ha de haber sido un profesor especialmente duro) en un colegio a nivel Preparatoria, y había sido contactado por enviados de Reyes y Félix, sin embargo, el huichol, a quien sus compañeros de armas apodaban "el Chichimeca" (palabra náhuatl que usaban los pueblos de culturas avanzadas mesoamericanas como los Mexica para referirse a las tribus nómadas o a los pueblos de civilización más primitiva del norte, y que literalmente significa "quien vive como perro" o simplemente "bárbaro") o "el Chacal" por su crueldad, parecía no aceptar la oferta de unirse a la rebelión, mejor quiso permanecer expectante y ver qué sucedía.

El día del alzamiento, y tras el terrible combate que se verificó en el Zócalo, Huerta fue avisado en su casa de la Colonia San Rafael en la Ciudad de México de lo que pasaba. De inmediato, dejó a su esposa y 13 hijos y corrió a buscar a Madero. Aquello podía ser la oportunidad que siempre había esperado en su camino a la grandeza. Entre tanto, Madero había sido avisado por teléfono de lo que ocurría mientras estaba en el Castillo de Chapultepec, de inmediato, se puso en marcha custodiado por los Cadetes del Colegio Militar, en el evento conocido en forma grandilocuente como Marcha de la Lealtad, lo que no se dice es que luego, gran parte de los cadetes se pasó al bando rebelde y después aceptarían al Wixárika como Presidente sin empacho alguno, una vez muerto el empresario y espiritista.

2.- Huerta entra en escena:

Huerta encontró al Presidente mientras éste se encontraba esperando a que la vanguardia de su columna de avance despejara el camino de francotiradores y atacantes rebeldes, dentro de un negocio de fotografía, el Foto-estudio "Daguerre", frente al Palacio de Bellas Artes entonces inconcluso.Una multitud de partidarios de Madero y sobre todo curiosos se arremolinaba frente al local, instalado en una casa de dos plantas. Huerta entró al negocio y habló directamente con Don Panchito. Ahí, el indígena le prometió al mandatario que podía contar con su apoyo y que haría todo lo posible por defender las instituciones, como prueba, sacó una pequeña estampa de la Virgen de Guadalupe que su madre le había regalado aquel lejano día de 1865 cuando partió para siempre de Colotlán en las filas del ejército juarista y le juró por ella que le sería fiel hasta las últimas consecuencias...

Lo que no sabía Madero es que los Huicholes, pese a que oficialmente muchos de ellos se ostentan como Católicos, siguen siendo tan paganos como hace 500 años, y la Virgen de Guadalupe, con su manto de estrellas, es una representación de una de sus divinidades astronómicas, mientras que su valor como símbolo Cristiano no lo comprenden ni existe, así que era un juramento perfectamente en vano que no representaba nada para el viejo indio, que empezó a maquinar la forma de beneficiarse de todo aquello. Madero entonces, convencido de la lealtad y la capacidad del militar, le readmitió en las fuerzas armadas y le nombró Comandante de la capital de la República en sustitución de Villar, ingresado en el Hospital Militar a fin de atender a sus heridas. Tras nombrarlo, ambos personajes salieron al balcón del estudio fotográfico, y desde ahí, Madero arengó --no sabía que iba a ser la última vez-- al pueblo exhortándolo a defender la "Democracia" que tanto había costado implantar.


De inmediato, Huerta se puso a trabajar, convocó a una junta militar y mandó llamar a su amigo Aureliano Blanquet, el ejecutor de Maximiliano, que se encontraba por Toluca combatiendo a las fuerzas de Zapata. Madero por su parte, decidió llamar a Felipe Angeles, pero en vez de hacerlo por teléfono o telegrama, decidió ir personalmente a Cuernavaca, donde el gran artillero tenía su cuartel general y convencerlo de marchar de regreso a la capital con toda la Brigada de su mando.

3.- Los inexplicables errores del Sr. Madero:

El nombramiento dado a Huerta fue el primero de una serie de errores y decisiones estúpidas tomadas por Madero en los siguientes días que culminarían con su muerte... ¿Porqué Madero se comportó como un verdadero idiota y no hizo caso de un montón de señales que mostraban que no podía confiar en el huichol ni en Blanquet ni en otros militares? ¿Porqué no tuvo el valor de reconocer su incapacidad para manejar la situación y renunció como se lo pidieron Legisladores y Diplomáticos a fin de detener la matanza que se cobró muchísimas vidas entre la población civil? Porque debemos recordar que Madero se comportaba como un "iluminado" y bajo los influjos del espiritismo que practicaba, además de que le gustaba el Poder y tenía un compromiso con EUA y estaba esperanzado en contar con el apoyo de su amigo, al que había conocido en sus años universitarios Woodrow Wilson a unas semanas de tomar el poder en la República del Norte.

Así, Madero estaba seguro de mantenerse en el poder mientras los augurios que los médiums, tarotistas y demás adivinos le presentaban fueran positivos para sostenerse, aunque hay quienes dicen que otros le predijeron el martirio y él, intencionalmente, lo buscó, a fin de que, en su creencia de haber sido elegido por los espíritus de los "Padres de la Patria" como Hidalgo o Juárez, se hiciese un sacrificio mesiánico con su persona; como sea, no hay explicación racional para que Madero dejase pasar por alto cosas tan evidentes como:

  • Si Mondragón era uno de los mejores artilleros, no solo de México, si no del mundo, ¿cómo es posible que en los combates disparara a todos lados, menos a las posiciones de las tropas mandadas por Huerta? el gran diseñador de cañones y fusiles de precisión destrozó muchas casas y mucha infraestructura civil de la ciudad, pero no dañó a los soldados del General huichol... ¿se le hacía lógico?
  • Caso contrario: ¿no le pareció extraño que de sus fuerzas leales, las comandadas por Felipe Angeles fueran las que sufrieran la mayor parte del castigo a manos de los alzados y que fuesen enviadas por Huerta a ataques frontales contra la Ciudadela y sin contar con proyectiles perforantes en sus cañones, sino simples metrallas que nada hacían a los fuertes blindajes de la fortaleza?
  • ¿Cómo es posible que siendo Presidente, aceptara que su Secretario de Defensa: Angel García Peña, se le subiese a las barbas y le negase que Angeles asumiera el mando militar de la capital en lugar de Huerta? ¿No era acaso el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas al ser el Jefe del Estado?
  • Mientras él se encontraba en el Palacio Nacional, Huerta iba y venía por la ciudad con completa libertad y se entrevistaba, los días 10 y11 de febrero con el mismísimo Félix Díaz en la casa de un compadre o en la famosa pastelería "El Globo". ¿Acaso no podía contar con espías o un servicio de inteligencia que le reportara los movimientos del General?
  • ¿No le pareció raro que Blanquet, estando todavía en Toluca, el mismo día 9, le mandara un telegrama exigiendo que se negase que él estaba entre los sublevados, cuando nadie le había acusado todavía de nada?
  • ¿No se preguntó cómo era posible que en los días que el comercio estaba cerrado, la ciudad cercada con el estado de sitio declarado y el desabasto completo, mientras los civiles pasaban hambre, los rebeldes encerrados en la Ciudadela y calles aledañas estaban rozagantes, con abundancia de alimentos, municiones y agua potable?
  • ¿Porqué demonios le creía más a Huerta que a su propio hermano Gustavo

Y es que, esta vez, Gustavo se olvidó de mercadear con la política y se convirtió en la voz de la razón en los últimos días suyos y de su hermano. Retenido en el palacio mientras afuera se desarrollaba la batalla en la plaza, cuando su hermano llegó y le comentó de Huerta, fue el primero en manifestar sospechas en su contra. Madero desestimó la advertencia de su hermano y renovó la confianza en Huerta; sin embargo, al pasar los días, las sospechas de Gustavo sobre Huerta se acrecentaron.

Mientras tanto, Huerta lanzaba ataques contra la Ciudadela, (arriba, una foto actual de su ingreso; después de la Revolución, y tras diversas remodelaciones, la antigua fortaleza ha fungido como centro cultural, con escuelas, galerías de arte y actualmente, con la Biblioteca de México y el Centro de Medios Audiovisuales) todos infructosos... intencionalmente, mientras buscaba llegar a un acuerdo con los rebeldes en contra del Presidente. Entre tanto, la ciudad sufría combates callejeros, saqueos, bombardeos, desabasto y unas condiciones sanitarias horribles con los muertos apiñándose en las aceras y debiendo ser incinerados en la  vía pública al no haber tiempo de enterrarlos. Los testimonios fotográficos, en especial los compilados por el  pionero del fotoperiodismo en México: Agustín Víctor Casasola y los cinematográficos de Salvador Toscano, son más que elocuentes y respaldan los relatos de gente que vivió esos hechos, como mis abuelos.

Puede verse un excelente vídeo con imágenes de esos acontecimientos aquí.

4.- Se Consuma la Traición:

Huerta llegó, mientras, a un acuerdo con los sublevados y a ser parte del golpe, incluso su líder, y todo preparado para obtener, al final, el Poder como recompensa. Y ahí es donde entra nuestro amigo Henry Lane. Era obvio que sin Reyes, el golpe se había quedado sin aspirante a la Presidencia, Félix Díaz se pretendía presentar ahora como la cabeza de la rebelión, pero a diferencia del jalisciense ahora difunto, carecía totalmente de carisma y el ejército no le era fiel. Huerta, pese a su fama de cruel, sus borracheras y demás vicios, era bien considerado por sus soldados y era lo suficientemente fuerte como para mantener el control del ejército y de todo el grupo de generales ex-porfiristas y veteranos juaristas que constituían la elite del poder llegada al mismo desde 1867, frente a las generaciones revolucionarias.

Así, pronto Henry Lane Wilson se contactó, por un lado con Huerta y por el otro con Félix, fue consiguiendo que los dos llegarán a acuerdos. En la propia embajada de EUA, el diplomático norteamericano prepararía su venganza a través del Huichol por un lado y del Sobrino de su tío por otro. El llamado "Pacto de la Embajada" consistiría en que una vez derrotado Madero se le obligaría a renunciar, después, Huerta asumiría como Presidente provisional y convocaría a elecciones en las que resultaría electo Félix, quien no obtendría ningún cargo público a fin de que pudiese ser candidato a la presidencia; a la hora de la hora, sin embargo, Huerta asumiría la presidencia y se quedaría ahí, y Félix... Nada, como siempre, sería ninguneado.

El día 18 de febrero y tras de 1 semana de terror en la ciudad y de asaltos infructuosos contra la Ciudadela, Gustavo, que había aplazado indefinidamente su partida hacia Japón, esperó a que llegara Huerta al Palacio y ahí, a punta de pistola, lo sometió y arrestó, ordenando que lo esposaran. Después, lo llevó al despacho presidencial y ahí, lo confrontó frente a su hermano, reclamándole que no era posible que contando con miles de hombres y con armamento llegado de todos lados para sostener la lucha, no hubiera podido acabar con una rebelión de unos cuantos centenares de rebeldes, por lo cual le señaló como traidor.

Huerta no perdió la calma, con frialdad absoluta le reiteró a ambos hermanos su lealtad y le dijo que sí no los había podido vencer era porque había operado con cautela y se había buscado lograr un cerco y debilitar las fuerzas de los rebeldes. Madero, a pesar de todo le creyó, e incluso, Gustavo se manifestó un tanto condescendiente. El Presidente ordenó liberar a Huerta, y éste, nuevamente sacó su estampa de la Virgen y le dijo a Madero:

-- Le prometo, Señor Presidente, que para mañana todo habrá terminado.

Así, Gustavo le dijo que tenía 24 horas para resolver la situación o de lo contrario, sería sujeto a responsabilidades, Huerta le dijo que se despreocupara, y que además, no le guardaba ningún rencor, para muestro, le invitaba a comer ese día a uno de los restaurantes más finos de la ciudad, el "Gambrinus", No sin sospechas, Gustavo aceptó y quedó de verse a la hora de la comida con el General en el restaurante, y cada quien se fue a sus ocupaciones.

A la 1:00 de la tarde, Madero estaba en una reunión de gabinete, mientras, en el patio, Blanquet formaba a los hombres con los que constituía la guardia del palacio. era la hora: ordenó al Coronel Riveroll que subiese y apresara a Madero. El coronel, junto con algunos hombres entró al salón donde estaba el Presidente con sus colaboradores y les intimó la redención; algunos escoltas del mandatario abrieron fuego y mataron al coronel y otros soldados, pero también murieron algunos de ellos; Madero, el Vicepresidente Pino Suárez y el intendente del palacio, el capitán Basso, salieron y bajaron por las escaleras buscando a Blanquet y pidiéndole ayuda. Este llegó ante Madero y compañía y le tomó preso. Madero sólo acertó a decirle "traidor" y darle una bofetada, pero el regicida solamente se rió, ordenando que los encerraran en la oficina de intendencia del palacio. (Abajo: aspecto del patio del Palacio después de la detención de Madero)


Entre tanto, sin saber lo que había pasado, Gustavo llegó a esas horas al restaurante Gambrinus, donde fue recibido efusivamente por Huerta, comieron juntos y conversaron hasta amistosamente, acompañando los manjares con cognac de la marca "Hennessy", la favorita de Huerta, con la que el huichol se ponía las mejores guarapetas; en eso, un camarero llegó diciéndole al General que había una llamada para él, se excusó para ir a la cabina telefónica y en efecto, era Blanquet que le avisaba que el palacio estaba tomado y Madero y Pino Suárez, presos. Huerta, tranquilamente, regresó a la mesa y le dijo a Gustavo que había ocurrido algo importante respecto a la reducción de los rebeldes, y tenía que marcharse al teatro de operaciones.

--¡Chingados!-- dijo el Huichol, que era muy malhablado tanto en español como en su lengua nativa-- por la prisa de venir a comer con Usted, se me olvidó la puta pistola en palacio... ¿Me podría prestar la suya, Don Gustavo?

Gustavo, que ya estaba bastante relajado y confiado en que el general indio era una leal espada al servicio de las instituciones democráticas del país, se fumaba un puro de sobremesa y no tuvo reparos en entregarle al mílico su arma con la que le había amenazado esa misma mañana, quien quedó en devolvérsela cuando se volvieran a ver de regreso en la sede del gobierno. Sin embargo, a poco que Victoriano salió del restaurante, entraron unos guardabosques y tomaron prisionero al sorprendido Gustavo, que fue encerrado en el guardarropa del local en lo que esperaban órdenes. Unas horas después, lo sacaron de ahí y fue llevado a la Ciudadela, donde estaba ya preso también el Capitán Basso, intendente palatino.

5.- El Descenlace:

Huerta a continuación apresó a Felipe Angeles, sabiendo que éste no rompería con Madero, ordenando remitirlo al Palacio Nacional, acto seguido, se trasladó a la embajada de EUA y notificó de los hechos a Henry Lane, que, media hora antes de que Madero y Pino Suárez cayeran presos, había remitido un cable a Washington avisando de que eso había ocurrido, pero que el General Huerta y otros militares habían sabido hacerse cargo del Gobierno, aduciendo como causa la ineptitud consumada del coahuilense (al menos, no era mentiroso) 
pero que los militares habían tomado el control de la situación y garantizarían el orden.

Wilson había azuzado a todos los diplomáticos presentes en México a fin de que presionaran a Madero para pedir su dimisión, algunos de ellos, sin embargo, en especial los representantes de Japón y Cuba, pidieron garantías para el respeto de la persona del presidente y su familia, sobre todo tras conocerse que la soldadesca enfurecida y victoriosa atacó e incendió la casa de Madero y otros, las oficinas del periódico "Nueva Era" propiedad de Gustavo y que era el órgano oficial de sus partidarios. Huerta los tranquilizó y aceptó que el embajador cubano se alojara en la misma habitación del palacio en la que se encontraban ahora recluidos Madero, Pino Suárez y Ángeles, a fin de que viera que los prisioneros no fueran maltratados ni puesta en riesgo su vida.

Entre tanto, el embajador japonés dio refugio a la esposa del presidente y sus hijos.

El que no corrió con suerte fue Gustavo: según nos dice la Historia oficial, éste fue objeto de torturas y escarnio por parte de los soldados de la Ciudadela: le sacarían el ojo bueno, le darían una golpiza e incluso lo castrarían antes de dispararle varias veces y acuchillarlo, para que finalmente le dieran el tiro de gracia a los pies del monumento a Morelos (quien, 98 años antes había estado preso en la mencionada fortaleza a manos de los Españoles) situado en la plaza vecina al fuerte y que sigue en pie. Sin embargo, las fotos de su cadáver, en la que aparece con la cara tapada con una manta, (abajo) por respeto al difunto, lo muestra a pies, efectivamente, del monumento, pero no muestra huellas del trato brutal que cuentan recibió; muy probablemente, fue simplemente fusilado o sacado del recinto y baleado en la cabeza frente al monumento y lo demás fueron añadidos de la Historia Oficial a fin de estigmatizar a Huerta y a los alzados como encarnaciones del mal. Mientras, el intendente del palacio, el capitán Adolfo Bassó, fue fusilado en uno de los patios de la Ciudadela, permitiéndosele que él mismo diera las órdenes al pelotón.


Como sea, Gustavo pagó sus numerosas faltas contra el país: fue un traidor que se vendió a los intereses norteamericanos, saqueó junto a su tío Ernesto, que huyó prontamente de la ciudad al darse cuenta de que el barco naufragaba, al erario público, negoció en lo oscurito con Henry Lane y cavó así su propia tumba al no cumplirle, impulsó el boicot contra la campaña presidencial de Bernardo Reyes a fin de asegurar el triunfo de su hermano y a pesar de todo esto, hoy es considerado héroe y paladín de la Democracia.

El día 19 de febrero se consumó la mayor farsa de la Historia de México: aplicando lo pactado en la embajada norteamericana, se obligó a Madero y Pino Suárez a fin de que renunciaran a sus puestos de presidente y vicepresidente, a cambio, se les prometió que no serían afectados ni en sus personas ni en sus bienes, y se les dejaría partir a exilio en Cuba. Los dos políticos aceptaron y de acuerdo a lo establecido por la constitución de 1857, sin presidente y sin vicepresidente, la magistratura le correspondía al Secretario de Relaciones Exteriores, entonces Pedro Lascurain, que protestó ante el Congreso (hay que decir, que la gran mayoría de los legisladores eran contrarios a Madero, excepto algunos, como Belisario Domínguez, Senador por Chiapas, que luego denunciaría todos estos hechos, lo que le costaría la vida) después, nombró como Secretario de Gobernación al General Huerta, y tras ser ratificado el nombramiento por el parlamento, renunció... Duró 45 minutos al frente del Estado mexicano. Tras esto, y acorde a la constitución, Huerta subió a la presidencia; a pesar de todo, su nombramiento fue perfectamente legal.

Huerta mandaría después a Félix Díaz a ocupar el puesto que originalmente estaba reservado a Gustavo A. Madero en el Imperio del Sol Naciente y por supuesto, no le cumpliría la promesa de postularlo a la presidencia.

Madero ya no era necesario, por tanto, se decidió su muerte entre el embajador, gringo, Huerta y sus adláteres, ya que exiliado, y por la experiencia histórica mexicana, era peligroso dejarlo vivo, más siendo aliado de EUA. Por tanto, se planeó el asesinato. El encargado de hacerlo fue alguien que ya tenía experiencia eliminando jefes de Estado: Aureliano Blanquet. Este convocó a un oficial de la policía rural llamado Francisco Cárdenas al despacho que ocupaba en el palacio:

--Mayor Cárdenas, la patria requiere de Usted un gran servicio.-- así lo recibió.

La idea era decir a los prisioneros que, previo a llevarlos a Veracruz y en lo que se hacían los arreglos para su viaje a Cuba, (el embajador de la isla ya se había ido, seguro que había salvado las vidas de los dos políticos) pasarían unos días en la cárcel de Lecumberri, (hoy sede del Archivo General de la Nación), en realidad, una vez estuviesen en zona despoblada, Cárdenas tenía la orden de eliminarlos.

Cárdenas fue al cuarto de la intendencia del palacio y les notificó a Madero (que seguia lamentando la muerte de su hermano, que le había sido notificada por su propia madre) y a Pino Suárez que serían trasladados. Felipe Ángeles preguntó si el también sería trasladado a Lecumberri.

--No, mi General, Usted se queda, son las órdenes que tengo.-- Contestó el rural.

Madero y el vicepresidente se despidieron del General, a quien Huerta le ofreció exiliarlo, con la promesa de que, a su regreso, le daría la Dirección del Colegio Militar. Ángeles aceptó, pero en realidad, una vez fuera del país regresó y se unió a las tropas de Pancho Villa y sería uno de los fundamentos de la derrota de Huerta año y medio después.

Madero y Pino Suárez fueron subidos en autos diferentes, acompañados por soldados bajo las órdenes de Cárdenas. Al pasar atrás de la cárcel de Lecumberri, los autos pararon y los dos políticos fueron bajados a la calle y ahí, a mansalva, fueron ultimados por Cárdenas y sus hombres.


Al día siguiente, los simpatizantes de Madero erigieron túmulos de piedra en el lugar donde cayeron ambos políticos, mientras que se contó la versión de que una célula de sus partidarios intentó rescatar a los prisioneros y morirían a causa del fuego cruzado. Madero, arruinado económicamente a causa de sus aventuras políticas, hubo de ser enterrado tras vender su caballo, único bien que le quedó a la viuda tras pagar a sus acreedores, para cubrir los gastos funerarios.



6.- Juicio sobre Huerta:

Victoriano Huerta ejercería un gobierno con puño de hierro, la verdad es que no tuvo otra alternativa al ser atacado por los antiguos aliados de Madero unidos junto a Venustiano Caranza, latifundista y cacique del Estado de Coahuila, que si hubiese triunfado Reyes, le hubiera apoyado, la verdad es que, el "barón de Cuatro Cienegas" llamado así por el dominio verdaderamente feudal que ejercía sobre esa región de su estado, no rompió con Huerta sino hasta que Woodrow Wilson asumiera la presidencia en EUA, pues sabía que el Demócrata no estaba de acuerdo con lo hecho por su tocayo de apellido, Henry Lane, y mantendría una intervención contraria a la restauración del régimen porfiriano que presumiblemente, intentaría Huerta.

Así, lo primero que hizo Wilson al llegar a la Casa Blanca fue remover a Henry Lane, que no pudo disfrutar nunca de pozo petrolero alguno, caído en la ruina y en las garras del alcoholismo, moriría totalmente olvidado y alejado de la política en 1932. Lo segundo, el ex-Rector de Princeton, que era un hombre bien intencionado e idealista, uno de los más grandes internacionalistas de la Historia cuya influencia es comparable a Vitoria y a Grocio, planear apoyar a los Revolucionarios que se alzaron y se unieron contra Huerta. Incluso, ordenaría invadir México y tomar el Puerto de Veracruz, a fin de evitar la posible alianza del Huichol con alguna potencia europea, principalmente Alemania, en los albores de la I Guerra Mundial. Wilson sin embargo, arguía este intervencionismo no por la línea simple del poder, como lo hacían Theodore Roosevelt o Taft guiados por el Hiperrealismo Político, como lo señala Henry Kissinger en su obra La Diplomacia, sino aduciendo la defensa de "la Democracia" y "los derechos humanos"... había nacido el "Intervencionismo Humanitario" y libertador que cien años después, ha sido instrumentado por Clinton, por Bush Jr. y por Obama para entrar en los conflictos de Medio Oriente y los Balcanes, con consecuencias realmente desastrosas.

Victoriano Huerta sería derrotado por las fuerzas revolucionarias encabezadas por Carranza y sobre todo, por los dos hombres a los que les perdonó la vida: Francisco Villa y Felipe Angeles, que en Zacatecas destruyeron su ejército. Quién sabe si después lamentó el haber mostrado en esas dos ocasiones clemencia hacia ambos generales. Partió al exilio y en Estados Unidos se encontró con Pascual Orozco, exiliado también, y a quien había combatido comandando a Villa, precisamente cuando decidió no fusilarlo divertido ante sus ruegos y por la presión de los hermanos menores de Madero. Trabó amistad con Orozco y ambos planearon regresar a México y dirigir un levantamiento contra Carranza, sin embargo, Woodrow Wilson les echaría el guante y el segundo (o tercero, dadas las versiones que consideran indígena también a Don Porfirio, sobre todo la de Enrique Krauze) presidente indígena de México moriría de cirrosis hepática dado su alcoholismo extremo, habiendo sido liberado de la cárcel poco antes, en enero de 1916.Entre tanto, aquellos que lo habían vencido peleaban ahora entre sí en la fase más sangrienta de la Revolución. 

Sobre Huerta hay una posición unánime de considerarlo el máximo traidor de nuestra Historia y el más cruel, terrible y malo de todos los que han ocupado la Presidencia del país; el cine, la TV y las obras de los historiadores así lo presentan. No obstante, en su pueblo natal, Colotlán, entre sus hermanos de raza, los Wixárika, y entre algunos historiadores ha surgido cierta revaloración del personaje: para empezar, es claro que Madero no podía con el paquete de la Presidencia, y si los militares se rebelaron no fue tanto como para restaurar un régimen de privilegios, que no habían perdido en forma alguna bajo el coahuilense, como para lograr restablecer el orden y la paz social que el propio Madero había quebrantado. En Huerta claramente pesó la ambición personal, pero también la búsqueda de ser el encargado de restablecer el orden, muy probablemente, el militar Wixárika se veía a sí mismo como un nuevo Juárez destinado a poner fin a las disputas por el poder entre los políticos blancos: criollos y mestizos, así como el abogado Zapoteca había establecido las instituciones en que se findamentó el orden porfiriano.

No fue Madero quien se preocuparía por las cuestiones sociales pendientes: el campo y la cuestión obrera, sino Huerta, que creó las primeras dependencias públicas encargadas de atender esos problemas, con la resolución de conflictos por tierras y el dictado de las primeras providencias para respetar los derechos de los trabajadores, entre ellos, el derecho a huelga, cuando el "Apóstol de la Democracia" había reprimido brutalmente las manifestaciones organizadas por la Casa del Obrero Mundial, organización pionera del sindicalismo mexicano.Incluso, estuvo a punto de llegarse a un acuerdo entre Zapata y el gobierno de Huerta, tras haber sido enemigos encarnizados, más el caudillo campesino terminaría rechazando los términos planteados por el Presidente: no le gustaba el puesto público que le ofrecía. Cabe decir que el morelense sería después asesinado por su entonces aliado Carranza.

Y finalmente, Huerta se opuso a los intereses norteamericanos, recordemos que Henry Lane Wilson no actuó de acuerdo a los dictados de la política dados en el Distrito de Columbia, sino contrarios a ellos, impulsado por motivos personales en contra de Madero. Hoy en día, el mismo sistema o régimen surgido de la Revolución, a la vez que maldice a Huerta, homenajea a José Azueta y otros oficiales navales que murieron combatiendo a las tropas estadounidenses en Veracruz, dichos oficiales eran leales a Huerta y contrarios a Carranza, Villa, Zapata y demás que eran apoyados directamente por Washington.

Así que como vemos, no es tan fácil ver la Historia desde una óptica maniquea, no es un cuento de hadas entre princesas hermosas y brujas horrendas, sino un conflicto entre seres humanos con intereses, ambiciones, amores y odios. Quizá algún día, lleguemos a la conclusión que tenemos algo que agradecer a aquel indígena de origen pobre, alcohólico y drogadicto, ambicioso y cruel, pero a la vez firme e inteligente que obró convencido de que estaba haciendo lo mejor por su patria.

1 comentario:

Fernando Hiriart dijo...

Amigo mi nombre es Fernando Hiriart y también me interesa la historia de nuestro México, la historial real la que no se encuentra escondida tras el nacionalimos ciego.

Respecto a la muerte de Gustavo A. Madero es verdad que el cuerpo en esa foto no muestra lo que narro Juan B. Izábal, pero podemos ver como su cabeza esta cubierta, un hecho bastante inusual en la época, lo cual lo podemos atribuir a los severos golpes en el rostro y a la mutilación del ojo, también es posible que se le haya cambiado la ropa.

Lo que menciono son teorías que tenemos que hacernos de manera forzosa ya que recordemos que el asesinato de Francisco I, Madero y Pino Suárez también fue distorsionado y manipulado para ocultar lo que realmente sucedió.

Por otro lado me gustaría me dijera el por qué consideras a Gustavo Madero como un traidor a la patria y mostraras referencia bibliográficas respecto a los intereses norteamericanos que mencionas así como el boicot contra Bernardo Reyes .

En verdad agradezco tu artículo y el tiempo que tomaste para escribirlo.

Saludos cordiales,
Fernando Hiriart